Mira, hay algo de mí que quiero explicarte para que puedas entenderme mejor.
Yo tengo OCD, un trastorno obsesivo-compulsivo, que a veces se me activa bastante fuerte.
Normalmente estoy bien. Hago mi vida, trabajo, comparto, vacilo y funciono perfectamente.
Pero mi mente funciona de una manera un poco particular.
Yo necesito orden y estructura para funcionar.
Cuando no tengo ese orden, me puedo trancar. Si estoy haciendo algo y siento que no lo he terminado o resuelto, se me hace bien difícil pasar a lo próximo.
Mi mente puede quedarse enfocada obsesivamente en una sola cosa. Le doy vueltas, la analizo, la repito, busco respuestas y trato de encontrar una solución o una certeza que me permita seguir adelante.
Y a veces, aunque racionalmente entienda lo que está pasando, no consigo soltar ese pensamiento.
Pero también he aprendido a utilizar esa intensidad a mi favor.
La disciplina, el ejercicio y la estructura se han convertido en herramientas fundamentales para mí.
Por ejemplo, así fue como logré rebajar. Cuando me propongo algo, tengo una capacidad enorme para enfocarme, ser consistente y darle, darle y darle hasta conseguirlo.
Lo mismo me pasa con la música, con disjokear, con las redes sociales y con mis proyectos.
Cuando algo me interesa, puedo dedicarle una cantidad increíble de tiempo y energía.
Hasta con las cosas más sencillas me pasa. Me puede dar con comer alitas o churrasco y pasarme un mes comiendo lo mismo. 😂
He aprendido a reconocer esa intensidad y canalizarla hacia cosas productivas.
El problema viene cuando algo me afecta emocionalmente de manera fuerte.
Ahí esa misma capacidad de enfocarme puede volverse en mi contra.
Puedo quedarme atrapado en una situación, una preocupación o un pensamiento que no consigo soltar.
Empiezo a analizarlo todo, a buscar explicaciones, respuestas y soluciones. Y mientras más trato de resolverlo mentalmente, más me puedo acelerar.
La ansiedad comienza a subir y, en ocasiones, puedo experimentar ataques de pánico.
Es como tener mil pensamientos por segundo, todos al mismo tiempo, sin poder organizarlos ni detenerlos.
Por eso, cuando estoy así, a veces hablo enredado, me repito o me cuesta explicar lo que quiero decir.
No es que no sepa lo que quiero expresar. Es que mi mente está procesando tantas cosas a la vez que no consigo expresarlas a la misma velocidad.
Incluso cuando escribo me pasa. Puedo cometer errores, saltarme palabras o escribir cosas desorganizadas porque estoy pensando mucho más rápido de lo que puedo escribir.
Y llega un momento en que me bloqueo.
Pero hay algo que quiero que entiendas:
Yo no dejo de ser consciente de lo que me está pasando.
Reconozco cuando estoy entrando en uno de esos ciclos, aunque no siempre pueda salir inmediatamente.
Con los años he aprendido a utilizar el orden, la disciplina, el ejercicio y la estructura para ayudarme a recuperar estabilidad.
Trato de organizar mis pensamientos, separar los problemas, establecer prioridades y concentrarme en una cosa a la vez.
Poco a poco voy recuperando mi ritmo.
No siempre es fácil ni inmediato, pero he aprendido a trabajar con mi mente en lugar de vivir peleando constantemente contra ella.
No te cuento esto para que me tengas lástima, me trates diferente o pienses que tienes que resolverme algo.
Tampoco para justificar cualquier comportamiento mío.
Te lo cuento porque, si algún día me ves trancado, repitiendo algo, demasiado enfocado en una situación o teniendo dificultad para comunicarme, quiero que entiendas un poquito mejor lo que está sucediendo.
No estoy tratando de complicar las cosas. A veces simplemente estoy tratando de organizar todo lo que está pasando dentro de mi cabeza.
Sigo siendo yo.
Y aunque hay momentos en que mi mente me hace las cosas más difíciles, también he aprendido a convertir parte de esa intensidad en disciplina, constancia y determinación.
Es parte de cómo funciono, de lo que he tenido que aprender a manejar y de cómo he construido muchas de las cosas que soy hoy.
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